Dirigir empresas de tecnología en Argentina: 25 años de aprendizajes

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Por Eduardo Wassi, Fundador de Dinatech y Trendline Technology

 

Cuando arranqué a dirigir empresas de tecnología en Argentina, no existía Google en español, no había cloud en el sentido moderno, y la palabra «startup» todavía sonaba a algo del exterior. La conversación sobre inteligencia artificial estaba tan lejos de nuestra realidad diaria como la exploración espacial. Mirándolo desde acá, veinticinco años después, uno se da cuenta de que cambió absolutamente todo en el mercado, y sin embargo hay algunas cosas que siguen exactamente iguales.

 

Este texto no es una lista de tips ni un decálogo del emprendedor. Es más bien la conversación honesta que me gustaría haber tenido con alguien cuando arrancaba, sobre lo que la experiencia enseña y lo que ninguna experiencia termina de resolver.

 

Lo primero que aprendí: el equipo importa más que la idea

 

La primera empresa que armé estaba fundada sobre una idea que yo consideraba brillante. Y probablemente lo era. Lo que no sabía en ese momento era que las ideas brillantes se ejecutan con equipos, y que un equipo mediocre transforma la mejor idea en un negocio mediocre. Un equipo excelente, en cambio, puede tomar una idea decente y llevarla a un lugar que ninguna persona sola podría haber imaginado.

 

Con los años entendí que la contratación es la única decisión estratégica que un fundador nunca puede delegar del todo. Se puede delegar la operación, la administración, la comunicación, hasta la estrategia comercial. Pero las contrataciones críticas son la firma personal del fundador sobre el futuro de la organización.

 

Argentina como escuela particular

 

Dirigir una empresa de tecnología en Argentina te enseña cosas que no se aprenden en ningún MBA. Aprendés a operar con horizontes cortos sin perder de vista el largo plazo, a planificar en tres monedas simultáneamente, a construir capacidad de reacción cuando el contexto te obliga a cambiar de plan cada semana.

 

Y aprendés algo que quizás sea la ventaja competitiva más subestimada del ecosistema argentino: la capacidad de resolver con recursos limitados. La creatividad forzada por la escasez produce soluciones que después escalan. Muchas de las empresas argentinas que hoy compiten globalmente traen exactamente esa marca en su ADN operativo.

 

«La tecnología cambia todo el tiempo, pero las decisiones que definen a una empresa siguen tomándose entre personas que se miran a los ojos. Eso no cambió nunca, y creo que no va a cambiar.»

— Eduardo Wassi

 

La tensión entre lo urgente y lo estructural

 

Uno de los aprendizajes que más me costó incorporar tiene que ver con la administración del tiempo del fundador. Cuando empezás, todo parece urgente. Cada llamada de cliente, cada mail de proveedor, cada decisión operativa se siente como si la empresa dependiera de tu respuesta inmediata.

 

Con los años uno aprende a distinguir. Lo urgente casi siempre puede esperar veinticuatro horas. Lo estructural pierde valor cuando se posterga. La decisión de qué mercado atacar, con qué producto, con qué equipo, con qué modelo financiero, esas son decisiones que si el fundador no les dedica tiempo profundo, después las paga el resto de la organización durante años.

 

Hoy, cuando acompaño a fundadores más jóvenes que me piden consejo, la primera pregunta que les hago es cuánto tiempo por semana dedican a pensar sin ejecutar. Si la respuesta es «cero», ya sabemos por dónde arrancar la conversación.

 

La tecnología como palanca, no como respuesta

 

Durante estos veinticinco años me tocó ver aparecer y desaparecer muchas modas tecnológicas. Cada tanto, una de esas modas resulta ser una revolución real. La inteligencia artificial es una de ellas, sin ninguna duda. Está cambiando la forma en que las empresas producen valor, y las que la adopten temprano y bien van a tener una ventaja competitiva sostenida.

 

Pero incluso las revoluciones tecnológicas más importantes son palancas, no respuestas. La tecnología multiplica lo que ya está funcionando. Amplifica las decisiones estratégicas correctas y también los errores estratégicos. Un negocio mal pensado con inteligencia artificial sigue siendo un negocio mal pensado, solo que ahora produce contenido más rápido.

 

Lo que espero de los próximos veinticinco

 

Si tuviera que resumir en una idea lo más importante que aprendí, sería que la calidad de las conversaciones dentro de una empresa determina la calidad de los resultados. Las empresas que tienen conversaciones honestas, exigentes y respetuosas producen mejores decisiones, incluso con menos información. Las que tienen conversaciones evasivas, políticas o superficiales terminan tomando malas decisiones aunque tengan todos los datos del mundo.

 

Los próximos veinticinco años del sector van a ser fascinantes. Argentina tiene todo para volver a jugar un rol relevante en el ecosistema tecnológico regional. La tarea de los que dirigimos empresas hoy es asegurarnos de que la próxima generación de fundadores encuentre un terreno más fértil del que encontramos nosotros.

 

Sobre el autor

 

Eduardo Wassi es Fundador de Dinatech y Trendline Technology. Ingeniero en Sistemas de Información con más de veinticinco años de trayectoria en el sector tecnológico argentino, acompaña a organizaciones públicas y privadas en procesos de transformación tecnológica y comparte sus reflexiones sobre management, liderazgo y estrategia empresarial.

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